MALALA YOUSAFZAI

Cuando la niña tenía 12 años y los talibanes paquistaníes controlaban el valle del Swat, una de sus medidas fue prohibir que las niñas pudieran ir a la escuela. Muchas de sus compañeras habían dejado de ir a clase por miedo o por lo que le decían su familia, pero Malala siempre acudía, sin uniforme, escondiendo sus libros. Y comenzó a narrar sus experiencias en un blog diario en la página de la BBC.

“En el mundo las chicas van a la escuela libremente y sin miedo, pero en Swat cuando vas a la escuela tienes mucho miedo de los talibanes. Ellos podían hacernos cualquier cosa incluso matarnos” escribía la niña. “En mi camino a la escuela había escuchado a un hombre diciendo ‘te mataré’. Aligeré el paso y un momento después miré a ver si estaba detrás de mí pero estaba hablando por el móvil y debía estar amenazando a otro”, escribía en otra de las entradas.

La historia llamó la atención del periodista del New York Times, Adam B. Ellick, que entrevistó a Malala. En 2010, el Ejército paquistaní expulsó a los talibanes del Swat y Malala volvió a su escuela. El Gobierno, decidió convertirla en icono y darle un premio nacional a finales de 2011. Pero desde que su identidad había sido revelada, Malala y su familia sufrían amenazas contínuas.

El 6 de octubre de 2012, finalmente las amenazas se convirtieron en realidad. Un grupo de hombres armados llegó a la escuela. Preguntaron por ella y la esperaron a la salida. Después, subieron al autobús escolar y le dispararon a bocajarro en la cabeza y el cuello, dejándola al borde de la muerte.  La joven fue trasladada en un avión ambulancia desde Islamabad al hospital Queen Elisabeth de Birmingham, en Reino Unido, donde se sometió a dos intervenciones quirúrgicas. Tras la operación se encuentra “estable” y los doctores que la han atendido están muy satisfechos con el resultado.

Está previsto que la joven permanezca en el Reino Unido, donde vivirá con su familia en la zona de West Midlands, centro de Inglaterra, y donde su padre ha recibido el puesto de agregado de educación del consulado de Pakistán en Birmingham.


Desde entonces, Malala se ha convertido en una de 100 personalidades más influyentes del mundo, según la revista Time. En noviembre de 2012, la ONU dedicó un día en su nombre al derecho universal a la Educación. Durante su discurso, la joven afirmó que no estaba en contra de nadie, ni siquiera de los talibanes en su país, y aseguró que incluso si tuviera una pistola “no dispararía” a la persona que la atacó.


DISCURSO DEL PADRE: MI HIJA MALALA

El padre cuenta que Malala comenzó su campaña por la educación defendiendo sus derechos a la educación en el 2007. En 2011, al concederle el Premio Nacional Juvenil de la paz, se hizo muy famosa, una chica muy popular en su país.

Cuando nace una niña no solo la madre sufre, sino también la hija. Cuando una niña crece, sufre también. Cuando entra en la adolescencia, cuando cumple 13 años, se le prohíbe que salga de su casa sin un acompañante masculino. Ya no es una persona libre. Se convierte en el llamado honor de su familia y si no lo cumple la podrían incluso matar. Este supuesto código de honor, no solo afecta a la vida de una muchacha, también afecta a la vida de los miembros masculinos de la familia. El padre da un ejemplo en el que se cuenta que un joven tiene que migrar para ganar dinero para sus 7 hermanas y sus padres.

La norma de las sociedades patriarcales que más afectan a una chica se llama obediencia que consiste en que tiene que aceptar todas las decisiones aunque no esté de acuerdo con ello. Para que no la llamen desobediente.

El padre de Malala dice que todo esto puede cambiar pensando diferente y rompiendo las normas de la familia y la sociedad para poder tener unos derechos humanos elementales para las mujeres. Cuenta que cuando nació su hija ya había pensado en el nombre que le iba a poner cuando naciera, le había gustado mucho el nombre de una luchadora legendaria de la libertad en Afganistán, su nombre era Malalai de Maiwand y llamó a su hija así por ella.

Para una niña, la entrada a la escuela en las sociedades pobres y patriarcales es un gran acontecimiento en su vida. Inscribirse en una escuela significa el reconocimiento de su identidad y de su nombre. Una admisión a la escuela significa que ha entrado en el mundo de los sueños y las aspiraciones donde puede explorar su potencial para su vida futura.

El padre de Malala consideraba muy importante a la educación de su hija el hecho de sentarse con él cuando venían sus amigos y así la animó a asistir juntos a diferentes reuniones. La enseñó a olvidar la lección de la obediencia y la lección del llamado seudohonor.

Comenta que el nuevo fenómeno, la talibanización, era un peligro letal para los derechos humanos y sobre todo para las mujeres, consistía en una completa negación para la opinión de las mujeres en todas las actividades políticas, económicas y sociales. Era aterrador. Los talibanes no podían tolerar su campaña y el 9 de octubre del 2012, le dispararon a quemarropa en la cabeza.

Cuando el padre le preguntó a la madre si debía culparse por lo que había ocurrido ella le contestó: “Por favor, no te culpes. Defendiste la causa justa. Pusiste tu vida en juego por la causa de la verdad, por la causa de la paz, y por la causa de la educación, y tu hija se inspiró en ti y se te unió. Ambos estaban en el camino correcto y Dios la protegerá”.  Por último él considera que su hija es igual que cualquier niña de 16 años.

Autora: Natalia Vizuete, 3ºA

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