XXIII Certamen de cartas escritas por una mujer

El pasado jueves 24 de noviembre se hizo entrega de los premios del XXIII Certamen de cartas escritas por una mujer, en este caso sobre la Violencia de Género. Nuestra profesora de Biología y Geología María Dolores Sánchez Amo fue reconocida con el segundo premio del concurso. Enhorabuena compañera, eres un primor de persona.

Hola cariño, aquí estoy de nuevo escribiéndote en nuestro salón, con mi té recién hecho, humeante, dorado. Remitiéndome a este momento de calma en el que dibujo las letras, me encuentro en mi templo. 

Hoy estoy un poco inquieta, es otro de esos días en que me invade la angustia, hay un desasosiego extraño en todos los poros de mi cuerpo, el aire que respiro es más denso, sudo por momentos sin causa aparente. Desde que me he levantado esta mañana sabía que sería un mal día.
Digo un mal día y ya me he arrepentido por pensarlo. Obviamente no es un mal día. Un mal día es cuando vas al hospital a por los resultados de una analítica rutinaria y sales con la cara descompuesta; cuando recibes una llamada telefónica de un número muy largo y cuelgas el teléfono con el rostro de alguien a quien quieres grabado en tu mente y sabiendo que nunca más lo volverás a ver. Esas cosas definen los malos días. Esto no.

Pero, lo que te quería transmitir es simplemente eso, que me he levantado encontrándome regular, pues ha sido una mala noche cariño. He vuelto a soñar con él, eran simples ráfagas, momentos desdibujados, habían malas palabras, una casa sin calma, gritos. Se volvió a delinear su rostro en mi sueño, me veía en aquella casa que fue, desde entonces la protagonista de mis pesadillas. 
Me desperté con el  corazón exaltado, en un trasiego de días donde no existía esta serenidad, este mar en calma por el que cada día paseamos.

Después me he levantado como un día normal, he recorrido la casa descalza para no despertar a nuestro pequeño. He preparado mi desayuno de tostadas de aguacate con salmón, las he tomado como siempre, mientras leía el periódico con el móvil o contestaba algún whatsapp. Después he llevado al niño al colegio y he llegado al trabajo. 
Todo bien, pero he salido de casa dejándome las luces encendidas, conduciendo irascible y malinterpretando varios comentarios inocentes de mis compañeros referidos a correcciones del trabajo. Lo sé, es la ansiedad. Y sí, sé también lo que me dirías ahora. Y sí amor, soy benevolente, paciente conmigo. Pero es que hay días en que siento que no puedo, que me pregunto por qué yo, que pienso cuándo acabará, si es que hay un final, si no es que estos recuerdos son una extensión irreductible, que nunca más se separará de mí. 
Es la huella, y es la herida, y es el premio y a la par es la cicatriz, del recuerdo, de la pesadilla, de lo que he vivido. De que he sobrevivido. 

Así que tras este día, que preveía malo, de batalla con esa huella que me ha quedado llamada ansiedad, aquí estoy tomando mi medicina: escribir, empujar esta vida interior sobre el papel, para recordar, para situarme donde estoy. Y decirte lo bella que es nuestra vida, lo bien que me siento, lo feliz que soy sin saberlo, sin ser consciente en el día a día. Porque no lo soy, cuando beso a mis padres y sonrío por tenerlos, cuando vuelvo de correr los días que hago una tirada larga, cuando veo a nuestro pequeño en el parque reír y reír como si el mundo fuera suyo, cuando preparo un bizcocho cuando mis amigas vienen a casa a tomar un café y acabamos con dolor de barriga por tanto reír y  pidiendo comida rápida por la noche para cenar.

Soy muy feliz, a pesar de la noches de miedo en estado puro, de la cicatriz de la pierna que me duele en los cambios de tiempo, de la batalla de algunos (muchos) días, por mantener la calma, por decirle a mi cerebro, tranquilo, no hay ninguna amenaza. Y soy feliz también de escribirte, de saber que existes. De mirar tras las pesadillas a esa mujer que fui del pasado y decirle, hay algo más, valdrá la pena, sonreirás. Habrán días plateados, bellos, serán para ti.

Nos vemos en unos días, el pequeño y yo te mandamos un beso grande, muy grande.
Lectura completa de la carta galardonada con el 2º premio del certamen.