La Cultura en las Revoluciones

En el comienzo del siglo XVIII, Europa comenzaba a notar una creciente expansión de ideas intelectuales, que venían arrastradas del anterior siglo, el XVII, conocido comúnmente como “la era de la razón”. Filósofos como René Descartes, Baruch Spinoza o Thomas Hobbes propiciaron el advenimiento de nuevas maneras de comprender el mundo y el saber. Para Descartes, todo era cognoscible utilizando la razón y sometiendo a todo conocimiento que aspirase a ser cierto y preciso a la duda metódica. Estas ideas fueron recogidas en su obra magna, El discurso del método, totalmente subversiva para los estándares intelectuales de la época, que entendían que los textos cultos debían estar escritos en latín y no en otra lengua, en este caso, el francés. Para Spinoza, Dios ya no era el ente sobrenatural y omniabarcador que proponían los teístas de la época, sino el universo en sí, la propia naturaleza. Thomas Hobbes, filósofo inglés, fue el padre del contractualismo, la corriente de pensamiento que propugna que el origen de la sociedad general se basa en una especie de contrato entre humanos, a través del cual se acepta una limitación de la libertad a cambio de normas que garanticen nuestra adecuada convivencia social.

La explosión de la Ilustración tuvo, sin lugar a dudas, consecuencias que fueron mucho más allá del ámbito meramente intelectual o teórico. Estas trascendieron a un nivel absolutamente social que, en mi opinión, ayudó a los europeos a liberarse de la injusticia y opresión del Antiguo Régimen estamental. 

Cuando el rey Luis XV de Francia aprueba la publicación de La Enciclopedia de Diderot y D’Alembert en el año 1751, no sabe que acaba de cavar la propia tumba de su institución, la monarquía. La Enciclopedia otorgó al hombre en aquel momento, aunque de manera indirecta, una libertad de la que nunca antes había gozado. Hasta ese entonces, la sociedad general nunca había tenido acceso a todo el contenido científico, humanístico y artístico compendiado y recopilado a lo largo de la historia. Cuando los hombres comenzaron a nutrirse del conocimiento que acababan de obtener en sus manos gracias a la difusión del ideario ilustrado que La Enciclopedia representaba, estos empezaron a pensar y a reflexionar a una escala mucho mayor a la anteriormente alcanzada, puesto que las ideas y el saber iniciaron a expandirse a todos los estratos sociales. 

Por consiguiente, a lo largo de las ulteriores décadas del siglo XVIII, los humanos comenzaron a pensar de manera crítica y propia, rompiendo los hasta aquellos momentos establecidos conceptos de dogmas o doctrinas. ¿Qué es lo que propongo, pues? Quiero expresar que la Ilustración fue, sin duda, el período que le otorgó a la humanidad las alas para poder zafarse de las garras de un mundo de sumisión y obediencia dogmáticas que era, en realidad, un insulto a su propio intelecto. Ya lo decía Immanuel Kant en esta célebre cita: 

“Ilustración significa el abandono del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo. Esta minoría de edad significa la incapacidad para servirse de su entendimiento sin verse guiado por algún otro”.

Para comprobar que esta época no es más que lo ya descrito, es decir, la pura criticidad y libertad del pensamiento, tenemos el ejemplo de la intención de la Revolución Francesa, que sólo puede explicarse si nos basamos en una sociedad medianamente instruida en ámbitos sociales y políticos. A pesar de esto y como sabemos, dada la propia naturaleza humana y su capacidad de arruinarlo todo por la sed de poder e intolerancia imborrable hacia el opuesto, esta se convirtió en barbarie. 

Podemos concluir, entonces, que la cultura y el pensamiento son, sin lugar a dudas, el eje vertebrador de cualquier revolución social (e incluso de la propia humanidad como ente heterogéneo), y que sin ella, el homo sapiens sapiens hoy en día sería una especie corriente de entre las millones que habitan en la Tierra.

Autor, MIguel Palma, alumno de 1º Bachillerato A

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