DÍA ESCOLAR DE LA NO VIOLENCIA Y LA PAZ.

“La violencia es el miedo a los ideales de los demás”. (Mahatma Gandhi)
      En conmemoración de la muerte del gran pensador, político y pacifista Mahatma Gandhi, se estableció en 1964 (reconocido por la UNESCO en 1993), la fecha del 30 de enero para celebrar el Día Escolar de la No Violencia y la Paz.    

     Es el día en el que los centros educativos tratan de recordar con una serie de actividades, la filosofía que el pacifista hindú llevó hasta las últimas consecuencias ( fue precisamente Mahatma Gandhi quien introdujo en occidente el término Ahimsa (no violencia)). El respeto a los Derechos Humanos,  la concordia, la educación en y para la tolerancia, la solidaridad y la paz, sin distinción de raza, cultura o religión, son valores y comportamientos que deberán de revestir todas las paredes  de cada centro educativo. Pero no nos quedemos ahí. Esas actividades, sin centrarse sólo y exclusivamente en los 30 de enero,  tienen y deben de ser el discurrir diario en todos los centros educativos.

     Es un día, el 30 de enero, en el que se centrarán la labor de todo un año escolar en materia de paz, concordia, tolerancia y no violencia: lo hecho hasta entonces desde el día de la presentación y lo que se hará hasta el último día de curso. Y es ésta la idea que debe de intentar irradiar todo el personal docente hacia con nuestros alumnos y alumnas; que no se reduzca sólo y exclusivamente a llenar las paredes del “insti” con enormes “palomitas” blancas y rimbombantes mensajes en cartulinas de colores conmemorando este 30 de enero.

      El objetivo debe ser el trasladar a los alumnos y alumnas durante todo los días del curso, un principio práctico y hacedero, principio consistente en resolver los conflictos mediante métodos pacíficos. Tarea ardua y difícil, pero necesaria y urgente para la sociedad que nos ha tocado educar, no convirtiéndonos en una prolongación de la realidad que se vive fuera de la cancela del centro. No nos convirtamos, y me sigo refiriendo al personal docente, en cómplices de los derroteros de violencia e intransigencia que está viviendo la sociedad actual; porque tan culpable es el que realiza un daño, como el que, pudiendo erradicarlo, o por lo menos mitigarlo, se queda de brazos cruzados.

    De nada vale cada 30 de enero recordar la figura del defensor de la no violencia, Mahatma Gandhi, si durante el resto del curso no intentamos de imbuir a nuestros alumnos y alumnas el mensaje que quiso transmitir; es absurdo que nos acordemos cada 30 de enero de la figura de Nelson Mandela si permitimos que en nuestras clases se cometan tropelías por razones de raza o condición social; de nada vale que este 30 de enero nos acordemos de Rigoberta Menchú, si día sí y día también permanecemos impasibles ante los abusos que podamos observar no sólo en los pasillos y patio, sino en el mismo aula, entre compañeros y compañeras.

       Que este 30 de enero cuando veamos en el hall del “insti” la bola del mundo copada por una paloma con sus alas blancas abiertas, o cuando veamos a dos manos de distinto color entrelazadas desprendiendo amistad, o cuando veamos las imágenes de Mahatma o de Madiba, nos sirva para pensar que nosotros, y a los docentes me refiero, podemos aportar nuestro granito de arena para mitigar en la medida de lo posible la escalada de violencia y la ausencia de tolerancia que está padeciendo la sociedad de nuestros días. Tenemos todo un curso por delante. Tenemos muchos cursos por delante. No dejemos pasar la oportunidad que la vida nos ha dado.
Mª Dolores Romero Núñez, Coordinadora Proyecto Escuela: Espacio de Paz.

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